miércoles, 13 de febrero de 2013

El de los pagos en negro para las "horas extra", Arturo Fernández, también está imputado en Bankia

Arturo dice ahora que se va a tomar un tiempo de reflexión para ver si dimite como vicepresidente de la CEOE por el caso que está investigando la Fiscalía sobre los pagos en negro a los empleados de uno de sus negocios.

Lo que no están recordando los medios estos días son dos circunstancias importantes:
  • Es el Presidente de la patronal madrileña CEIM.
  • Está imputado en el caso Bankia por pertenecer su Consejo de Administración. Declaró en calidad de imputado el pasado 14 de diciembre de 2012, en la que dijo que aprobaron las cuentas reformuladas del grupo que arrojaban pérdidas millonarias para "quitarse esto de encima de la forma más rápida posible" y que "si Deloitte dice que están bien las cuentas, no voy a leerlas".
Según un diario online, Fernández:

  • Debe 2,7 millones de euros a Turespaña.
  • Debe 2 millones a IFEMA.
  • Tiene al menos 16 reclamaciones administrativas de la Seguridad Social por un importe de más de medio millón de euros.


Arturo Fernández, junto al Rey, Jaume Matas y Gerardo Díaz Ferrán
De izquierda a derecha: Gerardo Díaz Ferrán, Jaume Matas, el Rey y Arturo Fernández


Referencias:

lunes, 4 de febrero de 2013

La maquinaria del poder financiero, en marcha para derrocar a Rajoy

El peligro de convertirnos en cómplices de un nuevo ataque de los poderes financieros a la democracia es elevado. Lo estamos viviendo estos días con el asunto Bárcenas y compañía. Creo que pensar que Esperanza Aguirre está detrás de todo esto es demasiado simplista además de previsible. El derrocamiento de gobiernos por parte de los oligopolios financieros internacionales no es nuevo en la historia reciente de Europa. Primero fue Grecia, un país en el que el Primer Ministro Yorgos Papandreu se atrevió a decir que iba a convocar un referéndum sobre el “plan de rescate” para consultar a los ciudadanos. El enfado de las élites financieras (verbalizadas por sus adeptos Merkel y Sarkozy) provocó su dimisión. El nuevo Primer Ministro Lukás Papadimos – al que Papandreu rechazó como Ministro de Finanzas en su gobierno –, había sido vicepresidente del Banco Central Europeo desde 2002 hasta 2008. Un “tecnócrata”, nos empezaron a decir por entonces, palabreja que escupe el lenguaje neoliberal lleno de ese veneno que adormece, pero no mata: la anestesia[1]. Tras 7 meses en el gobierno y finalmente dos convocatorias electorales en el plazo de un mes (plagadas de insultos y ultrajes desde fuera de Grecia contra Syriza, la alianza de izquierdas contraria a los dictados de la troika[2]), actualmente gobierna una coalición con Andoni Samarás a la cabeza, un fervoroso creyente en los dogmas de austeridad, la consolidación fiscal y las privatizaciones[3].

En Italia tuvieron que derrotar al ególatra Silvio Berlusconi, personaje poco colaborador con la troika que miraba únicamente por sus propios intereses (ni siquiera se preocupaba por los de los italianos). La historia de cómo acabaron con él es conocida. Pusieron a Mario Monti, otro “tecnócrata” al que el pueblo italiano no había votado (había sido asesor de Goldman Sachs durante el periodo en que esta compañía ayudó a ocultar el déficit del gobierno griego). Monti compagina su cargo de Primer Ministro con el de Ministro de Economía para tener el control absoluto de la economía italiana, sin intermediarios. Ahora quiere seguir gobernando sin presentarse a las elecciones. Otra pirueta más.

En España parece que las últimas declaraciones de Rajoy pidiendo políticas de crecimiento no han sentado bien a determinados sectores financieros (aunque seguramente haya también otros motivos), pero el caso es que han decidido que el método para hacer saltar al gobierno sean sus prácticas corruptas, la forma más fácil de contar con el apoyo de la mayoría de la sociedad española. La corrupción no se tolera en ningún rincón de la sociedad, ni siquiera entre sus votantes. Rajoy ya no tiene nada que hacer, la artillería está siendo muy pesada, la voladura controlada del gobierno del PP ha empezado y no tardará mucho en caer. Su sentencia de muerte política está firmada. Dice Carlos Martínez en un excelente artículo que “es muy bueno que salgamos a la calle diciendo chorizos fuera y que esta crisis es una estafa, pero también que sepamos qué se cuece en las esferas gatopardianas del poder real. De los que, más allá de partidos, manejan el estado. Debemos intuirlo para actuar en consecuencia.  […] Los oligarcas desean más contundencia, más “reformas” y una concentración mayor de poder”[4]. Estoy totalmente de acuerdo con él, también en que sorprende que Rubalcaba pidiera ayer la dimisión de Rajoy pero no la convocatoria de elecciones. Pide un cambio de Presidente sin elecciones. Hay que adivinar a quién quieren poner de recambio. Las experiencias de Grecia e Italia nos pueden poner sobre la pista: un “tecnócrata” de fuertes vinculaciones con las altas esferas del poder financiero que además esté limpio de corrupción para que la jugada no se les vuelva en su contra. Si miramos los nombres que NO aparecen en los papeles de Bárcenas y que no pueden aparecer en el futuro por su vinculación más o menos reciente con el PP, nos encontramos con dos figuras que podrían ocupar la plaza (pensando siempre que el recambio vendrá desde dentro del actual gobierno). La primera es Soraya Saez de Santamaría. Es buena en el cuerpo a cuerpo pero demasiado joven y no tiene ni curriculum ni experiencia en el sector financiero. El perfil de Luis de Guindos parece más adecuado. Es una torre bien situada en el centro del tablero. Trabajó como presidente ejecutivo en Lehman Brothers, como responsable financiero en PriceWaterhouseCoopers y como consejero del Banco Mare Nostrum[5][6]. De Guindos además está fuera de toda sospecha de corrupción, no sale en los papeles de Bárcenas (ni saldrá), no está afiliado al PP (es un "tecnócrata") y puede hablar con cualquiera sin intérpretes: sabe inglés.

El peligro el que nos enfrentamos es que seamos cómplices de un derrocamiento con fines opuestos al interés general de la sociedad. Están usando la corrupción para dirigir la furia popular contra un partido y un sistema para así conseguir sus objetivos, no los nuestros. Rajoy debe marcharse, pero la lucha por el poder político seguirá y ellos ya tienen su hoja de ruta. No podemos permitir que nos lleven a una alianza entre PP y PSOE dirigida por las élites financieras, coalición que ya cambió la Constitución para poner a nuestra democracia a su servicio. Estos dos partidos sólo quieren su parte del pastel, no el interés general. La izquierda se encuentra actualmente intentando recomponerse con mesas de convergencia, cumbres, movimientos sociales y otras iniciativas. Pero no hay que olvidar que esta no es una guerra entre izquierdas y derechas, sino de los de arriba contra los de abajo. Los ciudadanos de derechas críticos (que sí, existen) están totalmente desconcertados, corretean también como pollo sin cabeza. La unión debe ser del pueblo contra los poderes financieros, que tienen a los políticos como fieles servidores y conseguidores de sus intereses. El frente común debe incluir a la ciudadanía de derechas también crítica con un sistema que nos considera, a todos (unos somos más progresistas y otros más conservadores), mercancía en manos de políticos y banqueros.


[1] "No nos lo creemos. Una lectura crítica del lenguaje neoliberal". Clara Valverde. Ed. Icaria&Asaco. Año 2013
[2] Diario Público. “Merkel trata de influir en las elecciones griegas hasta el final”. 16 de junio de 2012
[3] CIDOB. Centro de Estudios y Documentación Internacionales de Barcelona.
[4] portuarioenexcedencia. “Algo muy grave está pasando”. Carlos Martínez. 2 de febrero de 2013.
[5] Wikipedia. Luis de Guindos
[6] Diario 20 minutos. “Los trece nombres que forman el nuevo Gobierno de Rajoy”. 21 de diciembre de 2011.

viernes, 5 de octubre de 2012

Protestas españolas, recetas alemanas


Este Editorial se publicó en la versión impresa del New York Times el 2 de octubre de 2012 en su página A30. Traducción propia.

 Los políticos no pueden hacer oídos sordos a las manifestaciones que en las capitales del sur de Europa han llenado las calles de un número muy elevado de manifestantes protestando contra las últimas medidas de austeridad. Cientos de miles han salido en Lisboa, Madrid y Atenas y, seguramente, en los próximos días habrá más manifestaciones de este tipo.
Vista aérea de la manifestación en Madrid
el pasado 25 de septiembre de 2012

La paciencia de la gente se está acabando. Las medidas de austeridad exigidas por el gobierno alemán y los líderes de la Unión Europea han fallado estrepitosamente en su objetivo de reducir la deuda y de encarrilar la salida de la crisis. Más bien al contrario, es evidente que estas medidas aumentarán el número de parados y dañarán los programas de asistencia social justo cuando más se necesitan.

El foco está ahora España, donde el Presidente del Gobierno Mariano Rajoy trata de hacer nuevos recortes sin provocar futuras explosiones de ira en su país y sin echar gasolina a los movimientos secesionistas de regiones intranquilas como Cataluña, el motor económico del país. Pero el cruel cóctel de nuevos recortes en servicios públicos, congelación de pagas e incremento de impuestos que el Sr. Rajoy anunció la semana pasada, sin duda harán que la situación política y económica empeore. Los expertos prevén un segundo año de crecimiento negativo en 2013, mientras que el desempleo, que actualmente afecta a más de un 25% de la población, duplica la media de la Unión Europea.

Mientras España no salga milagrosamente adelante con esas medidas contraproducentes o mientras la economía española no obtenga nuevos ingresos tributarios para llegar a unos objetivos presupuestarios irreales, Alemania amenaza con retrasar una desesperadamente necesaria unión bancaria europea que ayudaría a recapitalizar los bancos españoles que van a la deriva. A diferencia de Grecia y Portugal, España, hasta ahora, ha evitado un rescate formal de la Unión Europea, lo que le permite tener un poco más de margen para llevar su propio rumbo económico. Pero el Sr. Rajoy no es en realidad un actor libre. Sin el visto bueno alemán para la unión bancaria europea, España, también, podría verse forzada a llegar a un acuerdo vinculante de rescate de la deuda.

Los problemas actuales de deuda de España no son consecuencia de un gobierno derrochador durante los años del boom. Vienen de la caída abrupta de la economía debida al pinchazo de una peligrosa burbuja inmobiliaria en el sector privado, alimentada por un crédito artificialmente barato. El estallido de esa burbuja barrió millones de trabajos en España, llevándose por delante los ingresos tributarios y el consumo. También forzó al gobierno a gastar miles de millones de euros que no tenía, sin conseguir rescatar a su tambaleante sistema bancario. Los nuevos recortes que afectan al empleo y el gasto de energía no traerán la recuperación. Únicamente traerán más miseria y disturbios.

El Sr. Rajoy también quiere tomar las riendas del gasto de los 17 gobiernos regionales, que tienen un papel importante en el coste en educación y sanidad. Los gobiernos regionales despilfarraron miles de millones en proyectos de obra pública durante los años del boom. Pero ese dinero se ha perdido, y los sistemas educativos y sanitarios no deberían sufrir grandes recortes en tiempos difíciles.

Tampoco es el momento adecuado, en plena recesión profunda, para abordar el problema a largo plazo que supone el coste de las pensiones y el envejecimiento de la población. Con unas prestaciones por desempleo que se están acabando para muchos, las pensiones son la principal fuente de ingresos para cientos de miles de familias.

No quedan sitios fáciles para que el Sr. Rajoy recorte servicios o gastos sin el riesgo de un desastre social. La historia se parece mucho a la de Grecia y Portugal.

El tiempo se acaba. Sólo un cambio profundo en las políticas económicas pueden salvar el euro. Los líderes europeos (sobre todo la canciller alemana Angela Merkel), necesitan reconocer que para devolver la solvencia a la zona euro se necesitarán renovados esfuerzos para fomentar el crecimiento económico, olvidándose de los rígidos objetivos presupuestarios y de las continuas medidas de austeridad impuestas en Berlín y Bruselas a gobiernos desesperados.


martes, 2 de octubre de 2012

"La locura de la austeridad europea". Por Paul Krugman.


Demasiada complacencia. Hace tan solo unos días la sabiduría convencional decía que por fin Europa tenía las cosas bajo control. El Banco Central Europeo había derrotado a los mercados con su promesa de comprar, si era necesario, deuda de países con problemas. Lo único que los Estados deudores debían hacer, continuaba la historia, era aceptar más austeridad y más intensa (condición única para acceder a los préstamos del banco central), y todo iría bien.

Paul Krugman
Pero los proveedores de la sabiduría convencional olvidaron que afectaba a las personas. De repente, España y Grecia se han visto inmersas en huelgas y manifestaciones multitudinarias. La gente está diciendo que han llegado al límite: con un paro al nivel de la Gran Depresión y con unos ciudadanos que antes pertenecían a la clase media obligados a recoger comida de las basuras, la austeridad ha llegado ya demasiado lejos.

Muchos comentaristas sugieren que los ciudadanos de España y Grecia simplemente están retrasando lo inevitable, protestando contra unos sacrificios que deben necesariamente hacerse. Pero lo cierto es que los que protestan tienen razón. Más austeridad no sirve para nada. Los sujetos realmente irracionales aquí son los presuntamente serios políticos y administradores que piden incluso más dolor.

Miremos la cuestión de España. ¿Cuál es su verdadero problema económico? Básicamente España está sufriendo la resaca de una inmensa burbuja inmobiliaria que originó por un lado un boom económico y por otro un periodo de inflación, dejando a la industria española sin posibilidad de competir con el resto de Europa. Cuando la burbuja estalla, se deja a España con el complicado problema de volver a ganar competitividad, un proceso doloroso que durará años. A no ser que España salga del euro, paso que nadie quiere dar, está condenada tener durante años un paro alto.

Pero este sufrimiento sin duda inevitable se está magnificando de forma extraordinaria con unos duros recortes en el gasto. El objetivo de estos recortes es, sencilla y llanamente, provocar sufrimiento.

En primer lugar, en España no empezaron los problemas porque tuviera un gobierno derrochador. Más bien al contrario, en pleno ojo del huracán de la crisis, España tenía superávit presupuestario y una deuda baja. Los altos niveles de déficit aparecieron cuando la economía se vino abajo, llevándose con ella los ingresos, pero, incluso así, España no parece tener un déficit elevado.

Es cierto que España está teniendo actualmente problemas a la hora de pedir dinero prestado para financiar su déficit. La causa principal de este problema es, sin embargo, el miedo a dificultades más amplias de la nación, incluido el miedo a la agitación política debida a una tasa de paro muy elevada. Rebajar unos pocos puntos el déficit presupuestario no eliminará esos miedos. De hecho, un estudio del Fondo Monetario Internacional sugiere que los recortes aplicados en economías deprimidas en realidad reducen la confianza porque aceleran el ritmo del declive económico.

En otras palabras, la realidad económica de la situación sugiere que España no necesita más austeridad. No hay que lanzar las campanas al vuelo y, de hecho, probablemente no hay alternativa (excepto una salida del euro) a un largo periodo de tiempos difíciles. Pero los recortes salvajes en unos servicios públicos básicos que ayudan a los más necesitados, y el resto de medidas que se llevan a cabo, en realidad dañan las perspectivas de un ajuste satisfactorio.

¿Por qué, entonces, se pide más sufrimiento?

Parte de la explicación es que en Europa, igual que en América, demasiadas Personas Muy Serias practican el culto a la austeridad, creyendo que los déficits presupuestarios, y no el paro masivo, son el peligro claro y real, y que la reducción del déficit resolverá de alguna manera un problema provocado por los excesos del sector privado.

Además de eso, una parte importante de la opinión pública del núcleo de Europa (sobre todo de Alemania), está convencida de una falsa visión de la situación. Los funcionarios alemanes hablan de la crisis del euro en términos de moralidad, de un cuento en el que hay países que han vivido por todo lo alto y ahora se enfrentan a un ajuste inevitable. No importa que esto no es en absoluto lo que ha pasado ni importa el inconveniente hecho de que los bancos alemanes jugaron un papel muy importante en inflar la burbuja inmobiliaria española. El pecado y sus consecuencias es su explicación, y se están aferrando a ella.

Incluso peor es que esto es lo que muchos votantes alemanes piensan, sobre todo porque es lo que sus políticos les han contado. El miedo a una reacción de los votantes que piensan, incorrectamente, que están en la cuerda floja por culpa de la irresponsabilidad del sur de Europa, hace que los políticos alemanes no quieran aprobar créditos de emergencia a España y a otros países a no ser que sean castigados primero.

Por supuesto, esa no es la forma en la que se presentan públicamente estas exigencias. Pero esto es lo que realmente está pasando. Ya hace tiempo que se debería haber puesto fin a este cruel sinsentido. Si Alemania realmente quiere salvar el euro debería dejar que el Banco Central Europeo hiciera lo necesario para salvar a los países con deudas y debería hacerlo sin pedir más sufrimiento inútil.

Paul Krugman es Profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton, New Jersey, Estados Unidos. En 2008 obtuvo el Premio Nobel de Economía.

Artículo publicado en el New York Times el 28 de septiembre de 2012 en la página A35 de su edición impresa. Traducción propia.


lunes, 19 de diciembre de 2011

El Manifestante, personaje del año 2011 para TIME

Traducción del artículo "El Personaje del Año (Introducción)". Por Rick Stengel. Director de TIME.
Publicado en la revista TIME el 14 de diciembre de 2011.



El Manifestante: "Desde la primavera árabe hasta Atenas,
desde Occupy Wall Street hasta Moscú".
La Historia a menudo sólo aparece cuando se revisa con perspectiva. Los hechos sólo son significativos cuando se echa la mirada atrás. Nadie pudo imaginar que un vendedor de frutas tunecino inmolado en una plaza pública, difícilmente localizable en un mapa, provocaría las protestas que derrocarían a dictadores de Túnez, Egipto y Libia y agitase los regímenes de Siria, Yemen y Bahrein. O que ese espíritu de disentimiento estimularía a los mejicanos a levantarse contra el terror de los cárteles de la droga, a los griegos a manifestarse contra líderes irresponsables, a los norteamericanos a ocupar espacios públicos para protestar contra los salarios injustos, y a los rusos a organizarse contra una autocracia corrupta. Las manifestaciones se han producido en países con una población total de 3.000 millones de personas, y la palabra manifestación ha aparecido en periódicos y prensa digital más este pasado año que en cualquier otro momento histórico.

¿Hay un punto de inflexión global a causa de la frustración? En todas partes, al parecer, la gente ha dicho que ya es suficiente. La gente ha pensado de otro modo, han reivindicado. No se han desesperado, incluso cuando las respuestas venían en forma de nubes de gas lacrimógeno o de lluvia de balas. Han personificado, literalmente, la idea por la que las acciones individuales pueden traer cambios colectivos y colosales. Aunque se ha entendido de forma diferente en diferentes lugares, la idea de democracia estaba presente en cada acto. El origen de la palabra democracia es “demos”, “pueblo”, y el significado de democracia es “gobierno del pueblo”. Lo han practicado no en las urnas sino en las calles. Estados Unidos es una nación nacida de las protestas, y la protesta es, en ciertos aspectos, el código fuente de la democracia (y una muestra de su falta).

Las manifestaciones han marcado el crecimiento de una nueva generación. En Egipto el 60% de la población tiene menos de 25 años. Aunque la tecnología ha sido importante, esta no ha sido una revolución tecnológica. Las redes sociales no fueron la causa de estos movimientos, sino que los han mantenido vivos y conectados. La tecnología nos permitió verlas y diseminaron el virus de la protesta, pero no ha sido una revolución con cables. Ha sido una revolución humana, de corazones y mentes, la más antigua tecnología de todas las que existen.

Este año en todas partes la gente se ha quejado por el fracaso del liderazgo tradicional y por la irresponsabilidad de las instituciones. Los políticos no ven más allá de las próximas elecciones y se niegan a tomar decisiones difíciles. Esta es una de las razones por las que no elegimos a un individuo este año. El liderazgo ha venido desde la base de la pirámide, no desde la cumbre. Por captar y poner de relieve un sentimiento global de incansable esperanza, por dar un vuelco a gobiernos y a la sabiduría convencional, por combinar las técnicas más antiguas con las más modernas tecnologías para iluminar la dignidad humana y, finalmente, por llevar al planeta a una más democrática aunque a veces más peligrosa senda para el siglo XXI, el Manifestante es el Personaje del Año 2011 para la revista TIME.



sábado, 10 de diciembre de 2011

"Con eso no es suficiente"

A pesar de estar en contra de los recortes, mucha de la gente con la que hablo tienen incrustado en sus cabezas que son necesarios para salir de la crisis. Y para reducir la deuda sólo se puede recortar el gasto, según ellos. Están lobotomizados por el pensamiento único y los dogmas repetidos hasta la saciedad.
Cuando les hablas de que hay mucho dinero que no se paga porque la gente se los lleva por ejemplo a los paraísos fiscales, que las grandes empresas y las grandes fortunas son las culpables del 72% del fraude fiscal o les ofreces argumentos similares, la respuesta de todos (casi instintiva y con cara de resignación) es la misma: ya, pero con eso no hay suficiente, hay que recortar.

Vamos a ver si es suficiente o no.

La Gestha (el sindicato mayoritario de Técnicos del Ministerio de Hacienda) valora en unos 90.000 millones de euros lo que se deja de recaudar por fraude fiscal[1]. Dicen también que si combatiéramos el fraude como la media europea (o sea, sin llegar a recuperar el 100%, pero algo más que ahora), el Estado tendría unos ingresos adicionales de 38.000 millones. En Cataluña, donde más fraude hay, se recaudarían 16.000 millones. El President de la Generalitat quiere hacer unos recortes de 2.700 millones de euros. Cabe que recordar que esos 16.000 millones son cada año, una cantidad muy por encima de lo que quiere recortar Mas este año.

Reflexión instintiva, inmediata, de los neoliberales de pie de calle (muchos no saben que lo son): “Ya, pero si perseguimos el fraude de las grandes empresas y de las grandes fortunas, el dinero se irá de aquí”. Digo yo que de qué sirve que estén “aquí”, si no pagan impuestos porque el dinero en realidad está “allí”.

Si repasamos el currículum del presidente del Banco Santander, Emilio Botín, veremos que hace poco ha pagado 200 millones de euros en impuestos (nada más y nada menos) porque se había olvidado de que tenía una cuenta secreta en un paraíso fiscal (sí que era secreta, sí)[2]. Por cierto que el pago ha sido “voluntario”, tras un aviso de Hacienda que no hace al resto de los ciudadanos. Si lo que ha pagado voluntariamente es esa cantidad, habría que ver cuánto en realidad tendría que aflojar. Pero volviendo al tema de los defraudadores que huirían de España si se les persigue. Que yo sepa ni este señor ni su empresa se han ido de España. Al contrario, le han premiado con un indulto a su mano derecha, Alfredo Sáenz, que fue condenado por el Tribunal Supremo este mismo año 2011 a una pena de cárcel e inhabilitación de su cargo[3].

Las estadísticas son muy frías en sí mismas. Pero nos pueden servir para enmarcar y como argumento en contra de lo que piensan la gente de nuestro entorno. Aún así me temo que nos seguirán mirando con cara de pasmo. El “no hay otra forma de salir que no sea recortando”, me temo que seguirá correteando por sus neuronas más inconscientes. El descubrimiento de Goebbels sigue siendo verdad, “una mentira mil veces repetida se transforma en verdad”. Pero no dejemos de informar para poder convencer.

Esta entrevista a Manuel Redal, de la Gestha, deja claro que si no se persigue más el fraude fiscal en paraísos fiscales es porque no hay voluntad de hacerlo. Es lo que ya sabemos, pero dicho por un funcionario público:




[1] “El 72% del fraude fiscal lo hacen grandes empresas”. http://www.gestha.es/?seccion=actualidad&num=221. GESTHA. Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda. 2 de diciembre de 2011.
[2] “La riqueza secreta de un banquero”. http://elpanaldeduowen.blogspot.com/2011/09/la-prensa-internacional-si-habla-del.html. Traducción de un artículo del New York Times fechado el 20 de septiembre de 2011.
[3] “El Gobierno indulta a Alfredo Sáenz” http://www.elmundo.es/elmundo/2011/11/25/economia/1322222115.html. El Mundo. 25 de noviembre de 2011.


Estados Unidos tiene la mejor sanidad del mundo (¡jua!)

Los argumentos más habituales para justificar los recortes en la sanidad pública son su poca eficiencia y su alto coste comparado con la sanidad privada. Esto es lo que ha calado en ciertos sectores de la sociedad y que no es difícil oír en boca de ciudadanos de a pie. Vamos a ver cómo estos argumentos son rotundamente falsos con unos pocos argumentos objetivos.

El caso de Estados Unidos es especialmente significativo y merece la pena revisarlo. Es el paradigma de país desarrollado con un sistema de financiación privada único en el mundo. Más desarrollados que ellos en ese aspecto no hay nadie. Veamos cómo les va.

En esta página se pueden ver unos datos muy interesantes*. Por ejemplo, se puede ver el gasto en salud (en porcentaje de PIB) de todos los países del mundo:


Estados Unidos es el segundo país del mundo que más porcentaje del PIB dedica a sanidad tanto pública como privada (el primero es Malta). Es lo que dice el mapa de arriba, por eso está tan oscuro. Mientras que Estados Unidos gasta el 16% de su PIB, España gasta el 9,7%. Eso quiere decir simplemente que del dinero total del país, los ciudadanos de Estados Unidos gastan un 60% más en el cuidado de su salud. Este modelo de sanidad privada es claramente ineficiente porque usa más dinero recursos para conseguir sus objetivos.

Uno puede pensar que sí, que gastan más, pero que tienen la mejor sanidad del mundo. Veamos ahora la calidad de la sanidad de Estados Unidos. La tasa de mortalidad infantil es un buen indicador del nivel de salud de un país. Según los datos de la web, Estados Unidos se codea en este ámbito con países como Hungría, Bielorrusia y Nueva Caledonia. Su tasa es de 6,1 muertes por cada 1000 nacimientos normales. En España la tasa de mortalidad infantil está en 3,4. Un bebé que nace en Estados Unidos tiene casi el doble de probabilidades de morir. En España la tasa es inferior incluso a las de Finlandia, Alemania, Francia y Noruega.

La imagen que tenemos de la sanidad de Estados Unidos está extremadamente mediatizada por las informaciones puntuales que nos llegan, las películas y las series. Sólo sabemos que el famoso de turno se ha ido a operar de una enfermedad incurable a las américas (de lo que no hablan es de la factura) y vemos en la tele grandes y modernísimos hospitales y ambulancias que parecen naves espaciales. La realidad es otra para el que no es millonario (el 99%).

Hay más datos interesantes. Estados Unidos está por debajo de España en número de camas de hospital por habitante y en densidad de médicos por habitante, y además está muy por encima en la tasa de mortalidad materna (la de Estados Unidos es 4 veces más alta, un escándalo) y en obesidad en adultos (el doble). En esperanza de vida, que es una medida general de la calidad de vida de un país, España está en el puesto 12 del mundo, mientras que Estados Unidos está en el 37, siguiéndole de cerca Taiwán y Panamá.

Todo un negocio. Se gastan más para obtener menos. El negocio de la sanidad privada no está pensado para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos sino para mejorar los ingresos de las grandes empresas sanitarias privadas. Ellos saben que todos los ciudadanos necesitamos servicios de salud. Todos sin excepción. Hay gente a la que no le gustan las bebidas con gas y no las compra. Coca-Cola nunca hará negocio con ellos por muchas campañas publicitarias estupendísimas que hagan. Pero todos los ciudadanos, absolutamente todos, necesitamos ir al médico. Si pudieran privatizar un bien tan fundamental como el agua que bebemos también lo harían. ¡Ay qué tontos, que ya lo han hecho!

Ni desde el punto de vista económico ni desde el de calidad, la sanidad privada supera a la pública. Desde el punto de vista de la justicia social tampoco. Si en España vamos por la senda de la privatización, la consecuencia directa es que tendremos una sanidad de peor calidad, aumentará su gasto y podremos invertir menos en otros sectores como la educación, los servicios sociales, la investigación, las pensiones... ¿De verdad queremos ir por ahí?

A la vista de este análisis, la estrategia de Mas, Cospedal, Rajoy y compañía es clarísima: hay que desviar el gasto público (que es lo que nos exigen los "mercados", es decir, los bancos, agencias de calificación y otros) al sector privado. De esta forma el sector privado tendrá acceso a nuevo dinero, fresco y fácil (no hay que olvidar que todos necesitamos sanidad). Y señores de lo privado, les obsequiamos además con otro regalo: la sociedad gastará más dinero con vosotros de lo que gasta actualmente. Es cierto que la calidad empeorará, pero no os preocupéis, nosotros ya nos hemos encargado de convencer a la sociedad de lo contrario. Y en ello seguimos cada vez con más fuerza.

Recomendamos este vídeo de David Hall, Director de la Unidad de Investigación Internacional de los Servicios Públicos de la Universidad de Greenwich, sobre la inversión pública y su efecto en la sociedad y en la economía. Él lo explica mucho mejor que nosotros:


* Quien tenga dudas del origen de los datos de la página web en la que nos basamos, debe saber que son datos de la Central Intelligence Agency (sí, la CIA), organismo poco sospechoso de maquillarlos en contra de Estados Unidos. Hay otra fuente también poco sospechosa, el Banco Mundial, que coincide con las estadísticas analizadas en este artículo.

Artículo de interés para entender por qué la sanidad en Estados Unidos es más cara: "Todo lo que puede ir mal, va mal: sanidad en Estados Unidos". http://www.perspectivaciudadana.com/contenido.php?itemid=29948. Perspectiva Ciudadana. 17 de julio de 2009.